Saltar al contenido
William Fogg Private Travel Atelier
Mano señalando un mapa con un bolígrafo junto a un cuaderno abierto y una cámara

Criterio

El viaje que no te voy a diseñar

Casi todo lo que se escribe sobre este oficio habla de lo que se puede hacer. Voy a hacer lo contrario, porque creo que dice más: cuatro encargos que no acepto, y uno que sí aunque mucha gente dé por hecho que no.

No busco vuelos sueltos. Es lo que más me piden y lo único que no hago nunca. No porque sea poco rentable, sino porque no aporto nada: cualquier buscador lo resuelve igual de bien que yo. Cuando alguien me escribe por un billete, le digo dónde mirar y ahí acaba mi consejo.

No organizo salidas de grupo. Y aquí conviene el matiz, porque es fácil confundirse: sí diseño viajes para grupos —de hecho, los grupos de amigos y las familias grandes son los viajes que mejor funcionan—. Lo que no hago es formar el grupo yo. Si el grupo lo traes tú, el viaje se piensa desde vosotros. Si lo formo yo, se piensa desde el mínimo común denominador de doce desconocidos, que es otra cosa y la hace muy bien otra gente.

No trabajo cruceros. El itinerario ya viene decidido por el operador. Mi trabajo empieza justo donde eso termina: en elegir el orden, el ritmo y la duración de cada etapa. En un crucero no hay nada de eso que decidir.

Y no compito por precio. Si me pides un presupuesto para contrastarlo con otros dos, te lo diré con franqueza: yo voy a salir más caro. Lo que ofrezco no es un precio mejor por el mismo viaje, es un viaje distinto. Compararlo por el total es comparar dos cosas que no se parecen.

Sí monto viajes de un solo sitio, y cuestan más trabajo del que parece. Es lo que casi todo el mundo da por hecho que no hago, y es al revés. Cuando alguien va a pasar ocho días sin moverse de una isla, no hay etapas siguientes que compensen un error: la elección del sitio es el viaje entero. Acertar con esa isla exige saber más que encadenar cinco ciudades, no menos: qué cara del atolón rompe el viento en febrero, cuál de las villas tiene el arrecife a nado y cuál lo tiene a diez minutos de barco, qué casa trata bien a una familia y cuál solo está pensada para dos.

Decir esto en voz alta cuesta clientes. También ahorra a mucha gente una conversación que no iba a llevar a ningún sitio, y a mí me deja tiempo para los viajes que sí sé hacer bien.

Si lo tuyo es una de las cuatro primeras, ya te he ahorrado un correo. Para todo lo demás, aquí sigo.

Volver a Inspiración