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William Fogg Private Travel Atelier
Monje con farol caminando de noche por un sendero de piedra entre cedros y linternas en Koyasan

Destino

Japón, quince días

«A medida» es una expresión gastada. Significa cosas muy distintas según quién la use, así que prefiero enseñar qué significa cuando la digo yo.

Un viaje de quince días que diseñé este año empieza en Tokio, en un hotel frente al foso del Palacio Imperial. Tres noches. Es el punto de partida más convencional posible y está elegido a propósito: el primer día no hay nada programado. Trece horas de vuelo y 7-8 de diferencia horaria no se resuelven con voluntad, y un guía esperando en el hall a las nueve de la mañana del segundo día garantiza que las primeras visitas se hagan a medias.

Después el viaje se va complicando, en el buen sentido. El mercado de Tsukiji y un taller de sushi en privado. Una cena con espectáculo de sumo, que es turístico y divertido y no hay que fingir lo contrario. Una ceremonia del té con un maestro que no solo la prepara, sino que explica la etiqueta mientras la prepara, que es donde está la diferencia entre asistir y entender.

De ahí a Hakone, a un ryokan con bañera privada al aire libre. Dos noches. Y luego cinco en Kioto, que son las que hacen falta: Kioto con dos noches es una lista de templos, y con cinco empieza a ser una ciudad.

El viaje termina en el monte Koya, durmiendo en un templo budista. No en un hotel con estética de templo: en un templo, con habitación de tatami y comida vegetariana preparada por los monjes. Al amanecer se reza con ellos y después se desayuna. Dos noches.

Ese contraste —el hotel de cinco estrellas frente al Palacio Imperial y la habitación monástica de Koyasan, con doce días de por medio— es exactamente lo que quiero decir con a medida. No es elegir entre el paquete A y el paquete B. Es que un mismo viaje pueda empezar en un sitio y terminar en su contrario, porque a esa pareja concreta le iba a interesar más el segundo después de haber pasado por el primero.

Lo que no se ve en el itinerario es lo que costó decidir el orden.

Si Japón te ronda la cabeza, escríbeme y te cuento cuándo conviene ir.

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