Un viaje bien pensado se estropea por cosas pequeñísimas. Cuatro que reviso siempre, y que casi nunca aparecen en un folleto.
Ocho kilos. El tren a Machu Picchu solo admite equipaje de mano, máximo ocho kilos por persona. No es un capricho: los vagones son panorámicos y las maletas taparían los cristales. Si nadie te lo dice con tiempo, lo descubres en el andén.
El libro de familia, traducido. Para entrar en Sudáfrica con menores hace falta el certificado de nacimiento o el libro de familia traducido por un traductor jurado, más una autorización de salida. Se tarda semanas en conseguir y no se puede resolver en el aeropuerto.
El wifi, el primer día. En Japón el dispositivo de wifi se recoge en el hotel al llegar, no al día siguiente. Suena menor hasta que estás en una estación de Tokio intentando entender un panel.
$35 en efectivo. El visado a la llegada de Laos cuesta $35.
Ninguna de estas cuatro cosas hace bonito un viaje. Todas pueden arruinarle un día.
Si estás preparando algo por tu cuenta y quieres que le eche un ojo a los detalles, escríbeme.